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La caja de LEGO: de comprender los principios al nacimiento del Tres, Tres
El recorrido de Alessandro Fantini. Una historia de investigación, experimentación y desarrollo de los principios del Latosa Escrima.
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La caja de LEGO
Hoy quiero contaros una historia. Empezó hace muchos años, cuando comencé a estudiar, experimentar y profundizar en los principios y conceptos del Latosa Escrima a través de las enseñanzas de mis maestros: René Latosa, Bernd Schubert, Bill Newman y Marcus Bartolomé.
Durante aquellos primeros años comprendí algo fundamental: los principios del Latosa Escrima podían combinarse sin perder su identidad. Era como tener delante una gran caja de LEGO. Cada pieza tenía un color, una forma, un tamaño y una función distintos. Por sí sola no era una construcción completa, sino un elemento. Pero aprendiendo a reconocer sus características y conectarla con otras, se podía construir una casa, un puente, una torre o una fortaleza. Todo dependía de comprender cómo utilizar las piezas.
Para mí, el Latosa Escrima funcionaba exactamente así. René Latosa no enseñaba simplemente una colección de técnicas para reproducir mecánicamente. A través de sus movimientos mostraba principios y conceptos que el alumno debía aprender a reconocer, comprender y aplicar. La diferencia era esencial: si comprendías el principio, podías desarrollarlo; si te limitabas a copiar el movimiento, permanecías prisionero de su forma.
Esa conciencia cambió progresivamente mi manera de estudiar. No quería repetir sin más lo que había visto en una clase o seminario. Quería entender por qué funcionaba un movimiento, en qué condiciones podía utilizarse y cómo se relacionaba con los demás elementos del sistema. Así empecé a construir mi propia base de investigación y a colocar las primeras piezas. Un concepto se unía a otro; un movimiento generaba otro; una solución podía transformarse según la distancia, el tiempo, el ángulo y la reacción del adversario. Poco a poco levantaba una fortaleza personal, no una estructura cerrada e inmutable, sino una construcción que la experiencia podía ampliar, modificar y adaptar.

Comprender los principios, no coleccionar técnicas
Con los años entendí que conocer muchas técnicas no significaba necesariamente saber combatir. Una técnica puede ejecutarse correctamente durante un ejercicio, pero eso no garantiza que pueda aplicarse cuando el adversario reacciona, cambia la distancia, modifica el tiempo o intenta golpearnos.
Por eso empecé a concentrarme cada vez más en los principios fundamentales. Potencia, velocidad, timing, equilibrio, distancia, control, concentración y actitud no eran elementos aislados; formaban parte de una única estructura. La técnica era solo una de las posibles manifestaciones de esos principios. Mi objetivo era comprender cómo funcionaba esa estructura, no memorizar un número creciente de movimientos.
La investigación me llevó a experimentar con combinaciones diferentes para comprobar cómo podían fluir entre sí los conceptos del Latosa Escrima. Cada combinación nueva necesitaba una razón. No me interesaba añadir movimientos para complicar el sistema; al contrario, intentaba eliminar lo superfluo y conservar lo que pudiera tener una utilidad concreta. Para mí, evolucionar un sistema marcial no consiste en sumar técnicas continuamente, sino en comprender cada vez mejor sus principios esenciales.
El nacimiento del Tres, Tres
De este largo proceso de estudio y experimentación nació mi Tres, Tres. No lo concebí como un sistema destinado a sustituir al Latosa Escrima, sino como mi propia organización e interpretación de los principios aprendidos.
Trabajé sobre las relaciones entre nueve conceptos: De Fondo, De Campo, Fondo Fuerte, Redonda, Crusada, Abaniko, Sonkite, Saloon y De Cuerdas. No debían entenderse como nueve compartimentos separados. Eran nueve posibilidades de trabajo que podían conectarse, superponerse y transformarse durante el combate. Una acción podía empezar con un concepto y desarrollarse mediante otro, dependiendo de la situación.
El Tres, Tres surgió de la necesidad de organizar esas conexiones en una estructura que permitiera al practicante comprender las posibilidades del movimiento en vez de limitarse a repetir secuencias preestablecidas. Volvía la metáfora de los LEGO: las piezas eran las enseñanzas que había recibido de mis maestros y la construcción representaba el resultado de mi investigación.

La experimentación y el contraste
A lo largo de los años intenté comprobar lo que estudiaba mediante el contraste con practicantes y combatientes de diferentes experiencias marciales. Quería comprender cómo respondían los principios del Latosa Escrima frente a personas que no utilizaban necesariamente las mismas técnicas, distancias o estrategias.
Este contraste me ayudó a reconocer tanto las posibilidades como los límites de determinadas aplicaciones. Un movimiento que funciona perfectamente con un compañero colaborador puede resultar mucho más difícil cuando el adversario opone resistencia. Por eso considero indispensable distinguir la demostración técnica de la experimentación en combate. Ambas tienen una función didáctica, pero no aportan la misma información: la demostración ilustra un principio; el enfrentamiento dinámico permite observar cómo se comporta cuando cambian las condiciones.
La experiencia más allá de la sala de entrenamiento
Una parte importante de mi experiencia personal se desarrolló fuera del entorno de las artes marciales. Durante mi trayectoria profesional trabajé como contractor, afrontando situaciones y entornos en los que la percepción del riesgo, la capacidad de evaluación y el control de mis propias reacciones tenían un significado concreto.
Estas experiencias influyeron profundamente en mi manera de entender la defensa personal. En un gimnasio podemos conocer al adversario, establecer reglas e interrumpir el ejercicio cuando sea necesario. Fuera de él, las condiciones pueden ser imprevisibles. Por eso siempre he concedido gran importancia a reconocer el peligro, controlar la distancia, mantener la lucidez y tomar decisiones bajo presión.
No considero mi experiencia profesional una demostración automática de la eficacia de una técnica marcial. La veo como una de las experiencias que orientaron mi búsqueda hacia la sencillez, la adaptabilidad y la gestión de situaciones inesperadas.
El combate a contacto pleno
Otro ámbito importante de mi experimentación ha sido el combate a contacto pleno, también mediante experiencias con equipos de protección y armaduras empleadas en el combate histórico. Estas actividades me permitieron observar el comportamiento de determinados principios cuando existe una oposición efectiva.
Cuando un adversario intenta golpearte de verdad, cambian la percepción de la distancia, la gestión del tiempo y la capacidad para ejecutar un movimiento. La presión física y mental puede modificar profundamente el comportamiento de un combatiente. Por eso siempre he considerado indispensables los simuladores y las protecciones para un entrenamiento realista, respetando los límites de seguridad necesarios.
Naturalmente, el combate deportivo o reglamentado no reproduce todas las condiciones de una agresión real. Sin embargo, permite poner a prueba aspectos fundamentales que difícilmente surgen en el entrenamiento exclusivamente colaborativo. Esta convicción se convertiría en uno de los elementos centrales de mi Academia de Armas.
Roma, 2019: el encuentro con René Latosa
En 2019 tuve la oportunidad de pasar tiempo con mi Grand Master René Latosa durante una visita a Roma. Fue especialmente importante porque pude mostrarle directamente algunos resultados de las investigaciones que había desarrollado durante años.
Durante un entrenamiento privado, René me pidió que profundizara en dos principios que consideraba fundamentales: «Tocar sin ser tocado» y «Estar a medida sin encontrarse a la medida del adversario». Ambos eran esenciales en mis estudios de esgrima. No se trataba simplemente de ser más rápido, sino de comprender la relación entre distancia, tiempo, trayectoria y movimiento.
Le expliqué que mi investigación incluía la trigonometría aplicada a la esgrima, la geometría de los desplazamientos y la balística de los golpes. Una distinción importante para mí era la existente entre línea de ataque y ángulo de ataque. La línea identifica la dirección en la que se desarrolla un ataque; el ángulo se refiere a la orientación desde la que se ejecuta. Modificar el ángulo puede cambiar las posibilidades ofensivas y defensivas incluso cuando la distancia aparente entre los combatientes es similar.
El mismo principio puede estudiarse mediante los pasos de esgrima, los avances, las retiradas y los desplazamientos angulares. Le expliqué que algunos principios geométricos relacionados con la medida y las trayectorias ya aparecían en la esgrima italiana del siglo XVI, particularmente en los tratados sobre espada y daga.
La conexión con la esgrima europea
Durante nuestra conversación también hablé de una conexión histórica que me parecía interesante. Entre los siglos XVII y XVIII, durante la época colonial española en Filipinas, las tradiciones europeas de esgrima entraron en contacto con las prácticas locales de combate.
Según mi interpretación, algunos sistemas de esgrima filipina podrían haber asimilado principios semejantes a los europeos, sobre todo en la gestión de la medida y las trayectorias y en la capacidad de golpear sin ser golpeado. Tales conocimientos podrían haberse integrado en determinadas tradiciones familiares y transmitido como un patrimonio reservado.
No pretendo afirmar que toda la esgrima filipina descienda de la europea. Me interesa estudiar las posibles relaciones e intercambios producidos a lo largo de los siglos, distinguiendo lo documentado de las interpretaciones que requieren investigaciones adicionales. Quería comprender cómo principios geométricos similares podían manifestarse en diferentes tradiciones de esgrima.
El juego de pies de René Latosa y el boxeo estadounidense
Durante nuestro encuentro, René hizo una aclaración importante sobre su forma de moverse. Me explicó que, además de practicar esgrima filipina con sus maestros, también había estudiado boxeo estadounidense. Según su relato, su juego de pies estaba influido casi completamente por los movimientos del boxeo. Cuantificó esa influencia en un 99 %.
Me dijo que los desplazamientos organizados mediante el esquema del asterisco también provenían predominantemente de la mecánica del boxeo estadounidense y que la misma influencia estaba presente en la estructura y dinámica de sus golpes.
Aquella explicación me resultó especialmente interesante. Por un lado estaba el trabajo de René, muy influido por el boxeo; por otro, mi investigación sobre los pasos de la esgrima europea, el control de la medida y los desplazamientos angulares. No consideraba que ambas interpretaciones tuvieran que ser opuestas. Eran formas distintas de organizar el movimiento mediante principios comunes.
La rueda de carro: mi Fondo Fuerte
En cierto momento René me preguntó cómo identificaría y representaría mi Tres, Tres. Respondí con una imagen muy sencilla: «René, para mí lo que tú llamas Fondo Fuerte es como una rueda de carro».
Una rueda de carro se compone de tres elementos fundamentales: un cubo central, ocho radios y un aro exterior de hierro. El aro representa mi defensa, la estructura que delimita y protege mi espacio de acción. Los ocho radios representan mis líneas de ataque y direcciones de desplazamiento; con ellos puedo organizar ángulos, modificar la medida y desarrollar mis acciones. El cubo representa el centro de la acción, la referencia alrededor de la cual se organiza toda la estructura.
Después le expliqué un principio que para mí era fundamental: «El combate debe girar alrededor de mí. No debo ser yo quien gire alrededor del combate».
Esta frase resumía una parte importante del Tres, Tres. No quería perseguir continuamente los movimientos del adversario y perder mi propia organización. Quería aprender a gestionar el centro de la acción, controlar la distancia y elegir las direcciones más favorables.
La rueda de carro representaba, por tanto, un modelo geométrico para interpretar el combate: el cubo organizaba la acción, los radios indicaban las posibilidades de movimiento y el aro constituía la estructura defensiva. Todos los elementos estaban conectados.
«Three, Three»
Después de mostrarle mi trabajo, René me preguntó si podía utilizar mi Tres, Tres. Recuerdo que lo llamaba «Three, Three» con su pronunciación estadounidense.
Le respondí volviendo a la metáfora que acompañaba toda mi investigación: «René, tú me mostraste una caja de LEGO. Yo simplemente construí algo diferente de lo que aparecía en el manual de instrucciones. Para mí, el Latosa Escrima es una toolbox, una caja de LEGO: una herramienta con la que se puede montar o desmontar cualquier cosa».
Era la forma más sencilla de explicarle lo que había hecho. No intentaba sustituir los principios que me enseñó, sino comprenderlos y utilizarlos para desarrollar una construcción personal.
René Latosa en mi Academia de Armas
Durante aquella visita de 2019 también acompañé a René a mi Academia de Armas. Recuerdo su sorpresa ante la cantidad y variedad de armas presentes en la sala. En las paredes había numerosos kampilan, bolo, barong, taming, escudos filipinos, lanzas y otras armas de la tradición de esgrima de Filipinas. Algunas eran piezas antiguas o tradicionales, mientras que otras se destinaban al estudio y al entrenamiento.
Junto a las armas había reunido muchos simuladores para combate a contacto pleno, además de protecciones y equipamiento específico. René observó todo el material y me preguntó por qué había organizado la sala de esa manera.
Le contesté: «René, porque esto es una sala de armas. Aquí no nos limitamos a estudiar movimientos. Aquí experimentamos el combate a contacto pleno. Somos esgrimistas y practicamos la esgrima filipina con la misma mentalidad con la que un boxeador practica el boxeo o un combatiente se prepara para el enfrentamiento físico.
«Si no contamos con simuladores y protecciones adecuados, corremos el riesgo de convertirnos en personas capaces de reproducir movimientos sin haber comprobado nunca su eficacia. Para mí la esgrima filipina también es una herramienta de defensa personal. Quiero saber cómo reacciono cuando el adversario resiste, modifica la distancia e intenta golpearme de verdad. Si no estudio el combate a contacto pleno, ¿cómo puedo valorar si lo que practico podrá servirme cuando lo necesite?».
Esa era la filosofía que había intentado desarrollar en mi Academia. El conocimiento técnico representaba solo una parte del camino; la otra era la experimentación.
La biblioteca de esgrima y la colección de armas europeas
Pero René también se sorprendió por otro aspecto de mi Academia: la biblioteca. A lo largo de los años había reunido una amplia colección de libros dedicados a la historia de la esgrima, incluidos originales de los siglos XVI, XVII y XVIII, testimonios de las enseñanzas y conocimientos de los antiguos maestros de armas. La biblioteca también contenía tratados de esgrima de sable italiana del siglo XX.
Junto a los libros estaba mi colección de sables europeos, tanto sables de sala como sables de guerra. No consideraba estos objetos meros adornos. Para mí eran instrumentos de investigación. Los tratados permitían estudiar el pensamiento de los maestros del pasado y los sables observar directamente las características de las armas, sus diferencias constructivas, el equilibrio y las posibles relaciones con los sistemas para los que fueron diseñadas.
René miró la biblioteca, las armas filipinas, los sables europeos y todo el equipamiento. En un momento dado me dijo: «Alessandro, esto no es un simple gimnasio. Ni siquiera es solo una sala de armas. ¡Esto es un verdadero museo!».
Recuerdo aquellas palabras con especial cariño. Había intentado crear un lugar donde la conservación de la historia y la experimentación práctica pudieran convivir: estudiar un tratado antiguo, observar un arma histórica y profundizar después en los principios del movimiento mediante el entrenamiento. No quería que la historia de la esgrima quedara únicamente en los libros; quería seguir estudiándola a través de la práctica.
René observa el combate a contacto pleno
Durante una sesión de entrenamiento René pudo presenciar algunos combates con dos cadetes de mi Academia. Utilizábamos simuladores y protecciones adecuados, pero los enfrentamientos no estaban coreografiados. Los combatientes oponían resistencia e intentaban aplicar los principios estudiados en condiciones dinámicas.
Las protecciones y simuladores reducían el riesgo de lesiones, pero permitían experimentar la presión, el contacto y las reacciones del adversario. Era importante para mí que René viera no solo la parte teórica de mi trabajo, sino también cómo intentábamos ponerla a prueba. Explicar un principio es una cosa; intentar aplicarlo cuando el adversario no colabora es otra.
No afirmo que un combate con protecciones reproduzca perfectamente todas las condiciones de un enfrentamiento real. Sin embargo, considero que es una herramienta fundamental para comprobar aspectos del combate que no aparecen plenamente en ejercicios preestablecidos. Esa fue la razón por la que había invertido tanto tiempo y recursos en construir mi Academia de Armas.
Las palabras de René Latosa
Al final de aquella experiencia René me dirigió unas palabras que nunca he olvidado: «Alessandro, no eres solamente un practicante. No eres un simple maestro. Eres un Gran Maestro de Armas. Lo que has hecho durante estos años es un trabajo grandioso. Parece casi que has reinventado el Latosa Escrima».
Aquellas palabras tuvieron para mí un significado profundo. Nunca había intentado reinventar el sistema de René ni sustituir lo que me había enseñado. Había intentado comprenderlo hasta el fondo. Estudié sus principios, los experimenté, los contrasté con otras experiencias de esgrima y traté de desarrollar sus posibilidades.
La esgrima europea, la geometría del movimiento, los tratados antiguos, las armas históricas y el combate a contacto pleno se habían convertido en instrumentos para profundizar en mi conocimiento del Latosa Escrima. Para mí, el reconocimiento más importante no era el título de Gran Maestro de Armas, sino el hecho de que René había visto y comprendido mi trabajo de tantos años.
Otra vez volvía la caja de LEGO. No había cambiado las piezas fundamentales; había aprendido a construir algo diferente.
El significado de la Legacy
Hoy, al recordar aquel camino, me parece cada vez más importante distinguir entre conservar una tradición y repetir simplemente sus formas. Preservar una enseñanza no significa necesariamente inmovilizarla. Significa comprender sus principios, respetar su origen y transmitir su sentido.
En el Latosa Escrima encontré herramientas que me acompañaron durante gran parte de mi vida. Gracias a ellas pude desarrollar una investigación personal sin olvidar a los maestros de quienes recibí las enseñanzas fundamentales. El Tres, Tres es una parte de ese camino. No pretende ser la única interpretación posible de los principios del Latosa Escrima; es el resultado de mi experiencia, mis investigaciones y mi voluntad de seguir experimentando.
Creo que un alumno debe reconocer el valor de lo aprendido, pero también desarrollar la capacidad de razonar por sí mismo. Un maestro puede señalar una dirección, mostrar un principio y corregir un movimiento, pero no puede sustituir la comprensión personal del alumno.
Esta responsabilidad es todavía mayor al transmitir una herencia marcial. Para mí, contribuir a la Latosa Escrima Legacy en Europa significa conservar las enseñanzas recibidas y, al mismo tiempo, fomentar un estudio serio, consciente y abierto a la experimentación. Significa distinguir los principios fundamentales de las interpretaciones personales, respetar la historia sin convertirla en algo inmóvil y recordar que ningún título, grado o reconocimiento puede sustituir el conocimiento, la práctica y la capacidad de enseñar.
La construcción continúa
Después de tantos años de investigación, mi visión del Latosa Escrima sigue ligada a la misma imagen que me acompañaba al principio: una gran caja de LEGO. Cada principio es una pieza. Cada experiencia puede enseñarnos algo sobre cómo utilizarla. Cada contraste puede revelar una conexión que antes no habíamos reconocido.
Una construcción puede ampliarse, modificarse o desmontarse para comprender mejor su estructura. Pero todo empieza con el conocimiento de los elementos fundamentales. Esa es la lección que he intentado transmitir a lo largo de mi trayectoria.
El maestro puede enseñaros las piezas. Pero aprender a construir depende de vosotros.
Alessandro Fantini
LATOSA® PINOY COMBAT ESCRIMA
LEGACY EUROPE